El pueblo despertaba antes que el sol.

El pueblo despertaba antes que el sol.

El polvo flotaba lentamente entre los caminos estrechos y las  casas de barro agrietado. El viento frío de la madrugada se colaba por  puertas rotas y  ventanas sin vidrio. A lo lejos cantaban los gallos, mientras algunas mujeres caminaban en silencio con cubetas vacías sobre la cabeza, buscando agua antes de que el calor consumiera el día.

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En la casa más pequeña, al borde del pueblo, vivía un niño llamado Kito.

Kito tenía apenas seis años, aunque la pobreza hacía que pareciera más pequeña y más vieja al mismo tiempo. Su ropa estaba desgastada, llena de remiendos y manchas de tierra. Sus sandalias ya no existían, y caminaba descalzo sobre piedras calientes sin quejarse.