Todo comenzó como un día cualquiera. Salí del trabajo más tarde de lo habitual y llegué a casa cerca de las diez de la noche. La calle estaba completamente vacía y el silencio era extraño. Cuando abrí la puerta, sentí que algo no estaba bien. No sabía explicar qué era, pero tenía esa sensación de que alguien había estado allí antes que yo.
Entré lentamente y encendí las luces. A primera vista todo parecía estar en su sitio. Sin embargo, al caminar hacia el salón, vi una silla movida y una ventana entreabierta. Estaba seguro de haberla dejado cerrada antes de salir. Mi corazón empezó a latir con fuerza y miré cada rincón de la casa sin encontrar a nadie.