ayudan a planificar, controlar los impulsos, comprender el habla y expresarnos. Cuando se dañan, las personas pueden cambiar de maneras profundamente angustiantes para las familias: volviéndose retraídas, impulsivas o incapaces de comunicarse.
La demencia frontotemporal es una forma menos común de demencia, y se cree que representa aproximadamente uno de cada 20 casos. Lo que la hace especialmente cruel es que puede aparecer en la edad adulta temprana.
En muchos casos, la demencia frontotemporal tiene un fuerte componente genético. Cambios en genes específicos pueden alterar la forma en que las células cerebrales procesan las proteínas. En lugar de descomponerse y reciclarse, estas proteínas se acumulan dentro de las neuronas (células cerebrales), lo que interfiere con su capacidad de funcionar y sobrevivir. Con el tiempo, las células cerebrales afectadas dejan de funcionar y mueren. A medida que se pierden más células, el tejido cerebral se reduce.
Aún no se comprende del todo por qué este proceso puede comenzar a veces tan temprano en la vida. Sin embargo, cuando una persona presenta una mutación genética potente, la enfermedad no tarda décadas en manifestarse. En cambio, la mutación permite que el daño se acelere y la resiliencia habitual del cerebro se vea afectada.

Las exploraciones cerebrales realizadas en vida de Yarham mostraron una contracción notable para alguien tan joven. Pero comparar el cerebro de Yarham con el de alguien de unos 70 años sería engañoso. Su cerebro no había “envejecido más rápido” en el sentido habitual. En cambio, se habían perdido grandes cantidades de neuronas en un corto período de tiempo debido a la enfermedad.
En el envejecimiento saludale, el cerebro cambia lentamente. Ciertas regiones se adelgazan ligeramente, pero la estructura general permanece intacta durante décadas. Sin embargo, en formas agresivas de demencia, las redes cerebrales completas colapsan de inmediato.
En la demencia frontotemporal, los lóbulos frontal y temporal pueden reducirse drásticamente. A medida que estas regiones se deterioran, las personas pierden las capacidades que estas áreas sustentan, como el habla, el control emocional y la capacidad de tomar decisiones. Esto explicaría por qué Yarham perdió el lenguaje tan tarde pero tan repentinamente, y por qué su necesidad de atención a tiempo completo aumentó tan rápidamente.