Sin dudarlo demasiado, comenzó a investigar. Preguntó, leyó, habló con médicos, buscó testimonios. Descubrió algo que muchos no saben: el hígado es uno de los pocos órganos del cuerpo humano que tiene la capacidad de regenerarse. Es decir, una persona puede donar una parte de su hígado y, con el tiempo, tanto el donante como el receptor pueden recuperar la función completa del órgano.
Pero una cosa es entenderlo en teoría… y otra muy distinta es tomar la decisión de hacerlo.
El hijo sabía que no era un procedimiento sencillo. No era como donar sangre o incluso un riñón. Era una cirugía compleja, con riesgos reales. Dolor, recuperación, posibles complicaciones. No era un juego. Pero tampoco lo era perder a su padre.
Y ahí fue donde entró en juego algo más fuerte que el miedo: el amor.