El cáncer de mama más agresivo podría tener una nueva esperanza gracias a un avance con biomarcadores.

El cáncer de mama más agresivo podría tener una nueva esperanza gracias a un avance con biomarcadores.

Los biomarcadores más prometedores hasta ahora

Uno de los biomarcadores más estudiados es el PD-L1, una proteína que ayuda a las células tumorales a esconderse del sistema inmunológico. Si el tumor tiene mucho PD-L1, puede ser más probable que responda bien a ciertos tratamientos de inmunoterapia.

Otro biomarcador importante es la carga mutacional tumoral (TMB), que mide cuántas mutaciones tiene el tumor. Cuantas más mutaciones, más extraño le parece al sistema inmune y más fácil es atacarlo.

También se estudió la infiltración de linfocitos T, que son células defensoras del cuerpo. Si hay muchas dentro del tumor, eso puede ser una buena señal para que la inmunoterapia funcione.

¿Cómo se obtienen estos biomarcadores?

Para medir estos biomarcadores, se usan pruebas moleculares avanzadas. Algunas se hacen con muestras de tejido del tumor, y otras pueden usar sangre. Estas pruebas permiten saber de antemano si vale la pena usar inmunoterapia o no.

Sin embargo, todavía hay muchos retos. No todos los hospitales tienen acceso a estas pruebas. Además, no siempre hay un acuerdo claro sobre qué nivel de PD-L1, TMB o linfocitos es “alto” o “bajo”.

Desafíos importantes que aún deben resolverse

Uno de los grandes problemas es que no hay un biomarcador perfecto. A veces, una paciente con alto PD-L1 no responde al tratamiento. Otras veces, alguien con niveles bajos sí mejora. También hay diferencias en los resultados según el tipo de análisis que se use o el laboratorio que lo haga. Esto complica mucho las decisiones médicas.

Además, muchos estudios se han hecho en grupos pequeños de pacientes, por lo que aún falta confirmar los resultados en estudios más grandes y diversos.