Conclusión
A lo largo de las últimas décadas, numerosos descubrimientos arqueológicos han ayudado a comprender mejor el mundo descrito en la Biblia. Desde antiguos manuscritos hasta inscripciones de gobernantes y ciudades mencionadas en las Escrituras, estos hallazgos continúan despertando el interés tanto de investigadores como de creyentes.
Más allá de las interpretaciones personales, lo cierto es que la arqueología sigue revelando sorprendentes conexiones entre el pasado y algunos de los textos más influyentes de la historia de la humanidad.